27 de junio de 2026
Cuando llega una ola de calor, no se trata solo de pasar un poco más de calor de lo habitual.
Las temperaturas extremas pueden afectar a nuestro organismo, provocar deshidratación, agotamiento e incluso un golpe de calor. Y aunque todos podemos sufrir sus efectos, hay personas especialmente vulnerables: niños, personas mayores, embarazadas y personas con determinadas enfermedades crónicas.
La buena noticia es que con algunas precauciones podemos reducir mucho los riesgos.

Pero vamos a lo importante.
Cuando hace mucho calor perdemos más agua a través del sudor y nuestro cuerpo necesita reponerla.
El problema es que la sed no siempre aparece a tiempo, especialmente en personas mayores.
👉 Consejo práctico:
Una buena referencia es observar el color de la orina: si es muy oscura, puede ser una señal de que necesitas hidratarte mejor.
Entre las 12:00 y las 17:00 horas intenta reducir la exposición directa al sol, especialmente durante los días de temperaturas extremas.
Si puedes organizar tus actividades, deja los paseos, el deporte o las tareas al aire libre para primera hora de la mañana o última de la tarde.
👉 Si tienes que salir:
Y recuerda: aunque estés a la sombra, el calor ambiental sigue estando ahí.
Mantener la vivienda fresca puede marcar una gran diferencia.
Durante las horas de mayor temperatura, baja persianas o toldos y mantén cerradas las ventanas si en el exterior hace más calor que dentro.
Cuando refresque por la noche o a primera hora de la mañana, aprovecha para ventilar.
👉 Un truco sencillo:
Ventila temprano → cierra ventanas → baja persianas → vuelve a abrir cuando descienda la temperatura exterior.
Si utilizas ventilador, recuerda que mueve el aire pero no reduce realmente su temperatura. En días extremadamente calurosos puede ser necesario recurrir a espacios climatizados.
Que entrenes habitualmente no significa que tu cuerpo responda igual cuando hay 38 o 40 grados.
Con temperaturas elevadas, nuestro organismo tiene que hacer un esfuerzo adicional para regular su temperatura.
👉 Durante una ola de calor:
Si notas mareo, dolor de cabeza, debilidad, náuseas o sensación de confusión, para inmediatamente y busca un lugar fresco.
Hay personas que pueden tener más dificultades para regular su temperatura corporal o para detectar que necesitan beber.
Por eso, durante una ola de calor conviene estar especialmente pendientes de:
👉 Importante: algunos medicamentos pueden influir en la hidratación o en la capacidad del organismo para adaptarse al calor.
No modifiques nunca tu medicación por tu cuenta. Si tienes dudas, consulta con tu médico o farmacéutico.
Aquí sí hay que actuar rápido.
Un golpe de calor ocurre cuando el organismo deja de ser capaz de controlar adecuadamente su temperatura y esta puede subir de forma peligrosa.
Algunas señales de alarma son:
👉 Ante la sospecha de un golpe de calor, busca atención médica urgente.
Mientras llega la ayuda, lleva a la persona a un lugar fresco, retira el exceso de ropa e intenta enfriar su cuerpo.
No necesitas cambiar completamente tu rutina. Muchas veces son los pequeños gestos los que ayudan a evitar problemas:
Y, sobre todo, escucha a tu cuerpo.
El cansancio excesivo, los mareos o el dolor de cabeza no son algo que debamos ignorar simplemente porque “hace calor”.
El verano está para disfrutarlo, pero cuando las temperaturas se disparan nuestro cuerpo necesita un poco más de atención.
Hidratarse correctamente, evitar las horas de mayor calor y reconocer las primeras señales de alarma puede evitar muchos problemas.
Y si tienes dudas sobre hidratación, protección solar, medicación o cómo afrontar las altas temperaturas, en Farmacia Lachén estamos para ayudarte y asesorarte.
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